viernes, 24 de junio de 2016

Filosofía y objetivos (fragmento)  

La palabra clave para definir el modelo de clase de Educación Auditiva propuesto en este libro es conciencia. Los procedimientos metodológicos desarrollados en las páginas siguientes están diseñados para asimilar los conocimientos y desarrollar las habilidades necesarias para escuchar, representar e interpretar conscientemente los elementos fundamentales que intervienen en un fenómeno sonoro global. El término conciencia está indisolublemente asociado al desarrollo del oído interno, esto es, la capacidad de crear y transformar mentalmente imágenes sonoras. De hecho, el nombre sugerido por Mackamul, Educación de la representación auditiva interna consciente[i], señala de manera más precisa el objetivo central de esta materia: de la misma manera que somos capaces de crearnos representaciones visuales internas a partir de estímulos externos y de comprender visualmente nuestro entorno, el músico profesional debe tener la capacidad de leer partituras internamente, así como de reconocer auditivamente la función estructural que desempeñan los diversos elementos en una composición musical.

  Para lograr un oído interno consciente, la metodología propuesta aquí se basa en dos conceptos fundamentales: sensibilización y educación integral. Por sensibilización se entiende que el estudio de los diferentes temas abordados en clase parta de experiencias sensibles –escuchar, cantar, movimientos corporales, etc.- que permitan al alumno comprender la música a través de los sentidos antes de racionalizarla. Por ejemplo, si el objetivo es estudiar intervalos, éstos deben ser escuchados y entonados concentradamente durante períodos prolongados de tiempo para profundizar auditiva y físicamente en sus características acústicas básicas, como resonancia y tensión interválica; si el tema de la clase es comprender el pulso, se deben realizar ejercicios corporales que permitan asimilarlo como un ciclo orgánico. Esta “toma de conciencia sensible” deberá ser completada con la asimilación de conocimientos mínimos de historia y composición musical, ya que los objetos sonoros –intervalos, escalas, etc.- siempre forman parte de un contexto específico, el cual determina su función dentro del discurso musical. El uso de las sonoridades por terceras no es igual, por ejemplo, en la música polifónica del siglo XVI que en la música de los 3 siglos posteriores: mientras que en la música renacentista eran producto de un rígido sistema de conducción vocal, en la música tonal constituyen una unidad sonora –la tríada- que es la base del lenguaje armónico. Es por esto que en este libro se desarrolla un modelo de educación auditiva integral, en la que se abordan de manera coordinada conocimientos de diversas disciplinas, apoyado con una extensa antología de ejemplos de repertorio musical acompañada de grabaciones realizadas por músicos profesionales. La audición y realización de obras musicales, desde las primeras clases, son experiencias sensibles indispensables para comprender plenamente el fenómeno musical.

   El concepto de integralidad conduce de manera natural al desarrollo de herramientas auditivas diferenciadas que permitan aprender a escuchar en contextos sonoros diversos. Así, de manera necesariamente esquemática, se pueden distinguir tres grandes tipos de música: tonal, atonal y modal. Aunque la música tonal es la única que está regida por un solo sistema, el conjunto de la música modal, así como el de la atonal, presentan características tanto en su material sonoro como en su tratamiento estructural que permiten estudiarlas auditivamente bajo criterios metodológicos semejantes. Al estudiar música tonal el alumno deberá aprender a escuchar e interpretar cualquier sonido o acorde desde el punto de vista de su función estructural tonal: en el caso de un sonido, a reconocer qué grado de la escala es, qué dirección melódica tiene, qué relación guarda con la armonía, qué papel cumple en la frase, etc.; en el caso de un acorde, sobre qué grado está construido, qué función armónica cumple, qué papel juega en el plan estructural, etc. Si se estudia música modal, se deberán conocer las diversas estructuras interválicas de las escalas modales, sus grados y giros característicos y los usos más comunes que han tenido en la historia. Si se estudia música del siglo XX, en la cual confluyen diversos sistemas de composición, el conocimiento firme de los intervalos es la herramienta básica. En todos los casos, la aproximación al estudio de un objeto sonoro, ya sea para su representación o interpretación, deberá ir de lo general a lo particular, es decir, desde el análisis de la estructura sonora hasta la observación y realización de cada uno de los detalles. La división de la música en estas tres categorías generales no debe sin embargo limitar ni la visión global de la música del alumno ni sus recursos auditivos. La música es un fenómeno complejo que requerirá siempre de un gran número de herramientas para su escucha consciente: la audición de la música tonal compleja requerirá apoyarse también en la interválica, y mucha música del siglo XX incluye procesos tonales o modales extendidos claramente perceptibles. Las herramientas auditivas son justamente eso, herramientas que hay que saber utilizar de manera adecuada en situaciones específicas, sin perder nunca de vista el objetivo último de esta materia: contribuir de manera significativa a la formación de músicos profesionales conscientes de los procesos estructurales de la música que interpreta o compone, y con las habilidades suficientes para realizarla eficientemente. 




[i] Mackamul, Sensibilización al fenómeno sonoro, pág. 18.

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